Michel Pochet

ARTE EN COMUNIÓN

Mi experiencia artística con Chiara

Traducción Agustín Laguna

"Rounds" de Luciano Berio

Espectacular ¿verdad?. ¿Os ha gustado? He elegido esta pieza de música decididamente contemporánea para introducir esta hora consagrada al arte de este siglo y a mi experiencia artística con Chiara.

Primera parte

Dios Belleza

En los años de mi juventud, existía la opinión generalizada de que Dios y Belleza, o por lo menos arte y religión, se oponían. Se juzgaba que santidad y vida de artista eran términos contradictorios. Para mí era todo uno, hasta el punto que la fe en Dios estaba menoscabada por el pensamiento de que la había confundido con la experiencia estética, dando a lo Bello el nombre de Dios, que tal vez no existía.

Dios en cuanto belleza era una experiencia constitutiva de mi identidad. Se remontaba a mis primeros recuerdos de infancia y nunca había sido desmentida. Me sentía llamado a la vez al sacerdocio y al arte.

Sutil atracción de la nada

El tiempo antes de encontrar a Chiara, fue, por esta razón, un tiempo de profundas y fuertes sacudidas, porque lo que sentía y comprendía de mi identidad me parecía que no tenía posibilidad de actuación.

No había lugar para mí en un mundo dividido en dos partes: lo religioso y lo profano. Añoraba los tiempos en los que pensaba que era posible el arte de un Fray Angélico, o la fe de un Miguel Angel.

Y se me ocurría una idea absurda: ya que no existía, podía fundar una comunidad de artistas, dedicados todos a Dios Belleza.

Dudaba. Busqué durante años la prueba de la existencia de Dios o la de su inexistencia. Pero ningún razonamiento me convencía.

Estaba en París estudiando. Todo hacía que pareciese un joven feliz. Lo era. Pero la duda persistente hacía que todo fuese un poco mediocre y recuerdo una noche, después de un estrepitoso Don Juan en la opera, cuando un abatimiento mayor me obligó a preguntarme si tenía razones para vivir.

No tenía. Pero tampoco las tenía para quitarme la vida. Y superé una vez más la sutil atracción de la nada.

Fiera di Primiero

En la mítica Mariápolis del 59, la intimidad con Dios se separó de golpe del goce estético. Sentía a Dios muy cercano, pero el gusto estético había desaparecido. La naturaleza, que sabía que era estupenda, me resultaba insulsa, como un escenario de teatro. Dios había desaparecido de lo bello. Me quedé desconcertado y turbado.

Una voz interior me dijo: deja de confundir a Dios con la belleza, hasta el punto de negar su existencia porque él se te presenta en oposición a la belleza. Cree. Estate atento porque ésta puede ser la última ocasión. Efectivamente en la Mariápolis me dieron la oportunidad de decidir creer en Dios y de elegirlo, poniendo todo lo demás en segundo lugar.

Una idea nueva se abría camino en mí: tu arte será vivir María, en el sentido de dar Jesús al mundo. Este será tu sacerdocio, a través de tus obras: dar cuerpo a la belleza de Dios.

Dejando Fiera di Primiero, escribí una carta a Chiara donde le contaba, con detalle, toda mi historia hasta la intuición de mi vocación, y le preguntaba su opinión.

Ella me respondió esta carta (quirografa): "En cuanto a todo lo que me has contado en tu carta, espero poder hablar contigo a fondo cuando nos volvamos a ver, quizás en París. Por ahora continua por el camino emprendido. Seguro de que Jesús, me parece, tiene un designio para ti que se manifestará".

Visión estética del mundo

En el invierno de 1961 íbamos en dos coches hacia Roma. Me di la vuelta para saludar a los ocupantes del segundo coche. El sol estaba ya bajo. Tengo todavía, en los ojos, su belleza. Parecía vivir, palpitar, danzar en un azul terso.

El corazón me latía lentísimo. Casi no respiraba. De un trazo nacieron del sol unas ondas de una luz dulcísima, como un respiro que ocupara todo el cielo, alternando todos los colores del arco iris.

Pensé en el sol como imagen de Cristo, pero la luna como imagen de María faltaba. Mientras tanto el santuario de Ronchamp se perfilaba, atrayente. Sus formas blancas de mujer fuerte me estrechaban en su potente paz. Comprendí que en el símbolo que me había sido dado para vivir estaba presente María, pero no como la luna, sino como el cielo azul que contenía al sol. Fue aquella vez cuando sentí, más que comprender, que ella era madre del Amor Bello y quise ser su hijo.

El sol se ocultaba. Pero su luz dorada hacía que no hubiese sombras, sólo luz. Con aquella luz, todo lo que mis ojos veían era bello. Los místicos tuvieron una visión religiosa del mundo. Como artista, la mía fue una visión estética.

Desde aquel día toda la belleza está relativizada por aquella belleza inconfundible; desde entonces, desde aquel día, sé que puedo encontrar por todas partes una semilla de belleza.

El arte es vanalizado, y al mismo tiempo encuentra una potente razón para ser. De hecho, si Dios ve el mundo así, urge mostrarlo como él lo ve. Y eso es el arte.

El galerista

Un amigo de la familia me presentó a un gran galerista parisino que apreció el trabajo del joven artista. Generoso, me explicó los requisitos para pertenecer a su escudería, con un futuro asegurado. Bastaba elegir una característica formal, fácilmente individualizable del mercado y atreverse. Me mostró trabajos de sus protegidos. Si, cada uno había desarrollado un estilo de moda, sinceramente no desagradables, pero cada uno cerrado en sí mismo, ya viejo. Huí disgustado.

El "Centro María"

En octubre de 1961, Chiara habló de un Centro artístico de la Obra, el "Centro Ave María". Doble, el "Centro Ave", femenino y el "Centro María". Para sugerir este nacimiento, Chiara le dio a Silvana Cerquetti el nombre de Ave. El Centro Ave se ha desarrollado hasta ahora como ya se sabe, pero el Centro María apareció en el olvido.

En los mismos días, Chiara me pidió un dibujo para unas postales de felicitación navideña. Dibujé una Natividad que también desapareció en el olvido.

En realidad Chiara la había elegido, pero se imprimieron con dos errores ortográficos en la felicitación y todas las postales se destruyeron.

Abajo, a la izquierda, Chiara había hecho escribir: Centro María. El Centro María había nacido, junto al Centro Ave, pero había nacido muerto.

Para mí este episodio del aborto, por decirlo de alguna forma, del Centro María fue el apólogo de toda mi experiencia artística en la Obra: perder y volver a encontrar para volver a perder más radicalmente.

Madre del Amor Bello

Era perfectamente consciente de la obligación de no enterrar mis talentos por miedo o por negligencia. Los demás no eran responsables del designio de Dios, ni siquiera mis superiores. Obediencia leal y desapego alegre en el respeto escrupuloso de los dones de Dios.

De todo esto habla un intercambio de cartas con Chiara. "¿Por qué siento la necesidad de ver el punto de la situación? Quizá porque ni vida te pertenece. Quizá porque he nacido contigo en el espíritu de Dios, y porque soy una de sus palabras en su palabra que eres tú. No quisiera hablar de mí, y quizá esto explica mi silencio habitual contigo, pero hoy descubro aún más que no existo. Tú existes. Soy uno de ti. Desde mi encuentro contigo lo sé. No ha existido nunca duda sobre esto. He siempre y sólo aspirado a anularme para hacerte sitio, para permitirte vivir en otra individualidad, hablar otra lengua, penetrar en otros ambientes, expresarte con otros medios, ver con otros ojos, amar con otro corazón, sufrir otros matices del dolor.

Hace quince años del encuentro contigo, y siento, hoy, el deseo de saber qué eres en mí. ¿Qué sientes al ser en mí? ¿Eres libre en mí, o pongo obstáculos a tu amor, a tu sufrimiento? Trato de acoger el pálpito de tu corazón en el mío, trato de balbucear tu palabra en la mía, y me esfuerzo por ser fiel, pero ¿Qué eres en mí?

Me doy cuenta de que donde vivo otros se sienten atraídos a trabajar en el campo artístico. ¿Eres tú en mí quien les anima? Por otra parte ¿qué más da? Si tú no apruebas lo que escribo, pinto, esculpo o creo en otras artes, ¿qué importa? Me importa ser tú. Pero tú ¿ qué eres en mí?

Chiara me respondió. "La mejor obra maestra que tú puedes hacer, y la sabes hacer, es esculpir a María en ti. Digo que lo sabes hacer porque, con la gracia de Dios, has llegado a comprender que debes posponer todo para dejar hueco sólo a Dios.

Si excepcionalmente tú tienes todavía un lápiz, un pincel, un cincel para dibujar, pintar, esculpir, es porque quien te dice la voluntad de Dios ha pensado que eso no es un obstáculo para tu cristificación, sino que además os da una nota de belleza.

Me preguntas - y comprendo tu expresión - qué soy en ti, esto es qué es el carisma en ti; quisiera decirte que deseo repetir mi vida en ti, amar a Dios con todo el corazón, de forma particular como Madre del Amor Bello. Espero que esto te baste y te inspire.

Llegada a Roma

Después de veinticuatro años pasados en Bélgica como delegado de la Obra, me encontraba cansado, y me han llamado de Roma para descansar. Pero cuando me recuperé, Chiara me pidió quedarme para "trabajar en mi campo y por el mundo del arte". Para comprender lo que ella deseaba le recordé la historia del "aborto" del 1961, y ella me confirmó que lo que en este momento renacía era el Centro María.

Segunda Parte

El arte moderno

Diapositivas de la pintura contemporánea

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Mi formación artística fue sustancialmente clásica, por tanto poco, abierta al arte contemporáneo. Como muchos, me quedaba perplejo delante de una obra de arte que parecía que no tuviese como meta la belleza. Me tentaba la idea de refugiarme en un pasado estéticamente seguro, cuando nadie dudaba que la meta del arte era la belleza y lo feo lo contrario.

Durante siglos, el arte por definición tendía a la armonía, es decir, al goce estético. En música las disonancias estaban vedadas. Existían reglas de composición, de asociación de colores. Ciertas realidades de la vida se consideraban banales, no suficientemente nobles como para ser objeto de la creación artística.

Los artistas modernos no quieren estar al servicio del mero placer. Rechazan un arte de diversión, de consuelo, quizá religioso, alienado de la realidad.

Revisaron la definición del arte. Lo bello, en cuanto agradable, dejó de ser la meta del arte. Dejó de haber objetos tabú. Poner juntos colores contrastantes y formas desarmónicas, disonar en música, usar un lenguaje popular en literatura, rompiendo con todas las convenciones, con toda regla de composición, se convirtió en una credo estético.

Como muchos estaba desconcertado por el arte moderno. Me costaba trabajo conciliar la idea de la belleza de Dios en un arte, que de hecho, se presentaba a menudo como materialista y que a propósito no buscaba la armonía.

Pero como muchos me sorprendía al sentir que ciertas obras, aunque feas, me tocaban lo más profundo. Revelaban realidades humanas escondidas, dolor, horror, desorientación, soledad y todos los males y fealdades del siglo. Sin complacencia con el mal, incluso se sentía compasión y no satisfacción.

Por otra parte no conseguía soportar la literatura edificante, las imágenes pías, y toda la producción al agua de rosas de los llamados artistas creyentes.

Mi interés por el arte moderno, por una película desconcertante, por una novela difícil, una pintura grotesca, una poesía hermética eran quizá ¿una debilidad o una imperfección? Sentía instintivamente que la verdad y la bondad estaban en esa fealdad y no en aquella otra belleza.

Chiara ha resuelto el dilema con su consejo a las primeras focolarinas que comenzaban a estudiar. Les decía que no tenían que asustarse por las ideas impresas en los libros, pero debían amar a los pensadores como prójimos, viendo a Jesús en ellos, tal vez abandonado, tal vez muerto, y recibir la parte de verdad que cada uno podía dar.

Lo mismo he hecho con los artistas. He aprendido a amarlos. Tal vez he encontrado desarmonías en sus obras, pero más allá de la llaga de la fealdad, he encontrado mucha belleza.

Not I

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Samuel Beckett, por ejemplo, ha llevado hasta las últimas consecuencias un teatro que tiende esencialmente al extremo. Hoy tenemos la suerte de tener entre nosotros a Sarah que ha contado una bella experiencia a Chiara.

Esta dulce criatura, angélica, nos interpretará una de las partes más difíciles para una actriz, la de la Boca en Not I, No yo. Es un monologo en inglés, pero creo que no tendremos dificultad en comprender el sentido de esta obra maestra del sinsentido.

La dolce vita

Cuando Chiara nos leyó "La Resurreción de Roma" nos la presentó haciendo notar que Fellini no había inventado nada cuando filmó La dolce vita porque Roma era como él la describió en su obra maestra, vista entonces como una "diablura". En aquel tiempo Chiara nos leyó dos textos sobre el infierno. (Publicados en Humanidad Nueva Nº 113, pág. 567).

Le escribí a ella: "Entre las realidades estupendas que nos has mostrado, creo que la más bonita es la visión del infierno. Es una obra maestra, como La dolce vita donde de un modo genial, Fellini describía una Roma infernal y trágicamente grotesca, que se parecía a lo que dices en la página que has leído. La imposibilidad de amar, el sin sentido de todo, el derrumbe exasperado de los valores, la carrera sin descanso, el aburrimiento sin desvelo, el mundo como el cadáver de un pez con los ojos bizcos. Pienso, que como otros grandes artistas de nuestro tiempo, Fellini ha sabido describir el infierno, pero no sabía que se podía ver desde el Paraíso, aunque las últimas imágenes de la película - donde se ve a una chica con los ojos límpidos y la sonrisa virginal - pueden interpretarse como el deseo de mirar con otros ojos.

En La Resurrección de Roma, muestras cómo debería ser la mirada del artista, que ve todo, incluso el mal que se esconde, y que no muestra de un modo ambiguo, complaciente, arriesgándose a hacer algo endiablado, pero que tiende a la belleza, a la luz en la cual esta realidad - redimida por Jesús Abandonado - se presentan en el Paraíso".

No le había dicho a Chiara, pero lo pensaba, que la chica de los ojos límpidos, que sonríe con un amor inmenso, tanto como desinteresado, y trata en vano de hablar con Mastroiani, al otro lado del río; esta chica que fascina a Mastroiani, pero que le da miedo, esclavo como es de un mundo cadavérico; pensaba que ella no había sido inventada por Fellini, sino que era aquella joven provinciana que había escrito La Resurrección de Roma.

Una chica que lleva a la realidad una mirada sin miedo, que busca la belleza donde no hay y la encuentra, una mirada que ve la muerte de la belleza, pero no duda y la resucita.

El Resucitado con los estigmas de la Pasión

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Hace cuatro años, en la Mariápolis Faro, Ivan Bregant quería que pintara. No tenía las condiciones mentales favorables y a causa de la guerra faltaba el material. Encontré un viejo lienzo, sucio, roto y con algún resto de pintura. Pinté.

Otro amigo, Bostian, sorprendido por mi trabajo, pensó que tenía que haber en alguna parte un segundo trozo del lienzo. Una vez encontrado, limpio, desarrugado, me lo consignó para una nueva obra maestra. Estaba consumido, roto, andrajoso, para tirarlo. Estaba desolado, no podía desilusionar a Bostian.

Miraba con angustia el lienzo que se dehilachaba y me vino a la mente Jesús Abandonado. También él se dehilachaba. Consummatum est. Esbocé el gran rostro de un hombre de los dolores, coronado con espinas, sangrante. Pero, con asombro, me di cuenta de que no estaba pintando al Abandonado, sino al Resucitado. Dos imágenes opuestas unificadas. El Resucitado con los estigmas del abandono.

Sorprendido miré durante horas la imagen que se había impuesto a mi pincel. Se aclaraba en mi mente la experiencia estética de este siglo.

La Belleza eterna se ha hecho hombre en Jesús. Ha vivido todos los acontecimientos de la vida humana, tanto los más sublimes como los más banales, los más alegres como los más dolorosos, hasta el abandono, a la muerte. Hasta la resurrección.

A veces, en el arte contemporáneo, la belleza está reducida a un grito inarticulado, pero así se expresa del modo más completo. Nos da su Espíritu.

Parece muerta, sepultada bajo la piedra de la fealdad. Pero al tercer día la tumba está vacía. Alguien nos dice que ha resucitado y que nos espera.

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Camina con nosotros, nos habla. El corazón se sale del pecho. Se hace tarde. La esperamos para cenar, pero los ojos se abren en el momento en el que desaparece. La belleza resucitada no aparece nunca: desaparece, se esconde en el anonimato de cualquier hombre, en lo banal, en lo cotidiano. El sol se oculta, dando paso a la luna, María, reflejo de la belleza resucitada, siempre presente allí donde la belleza ha desaparecido, para mirarnos en ella.

La belleza está en la orilla del lago, irreconocible. Un ojo puro la intuye y nos abre los ojos. Nos lanzamos al agua y la belleza nutre nuestra mente y nuestros sentidos, como el pan cocido sobre la piedra caliente.

Sin embargo, la hechizada, la belleza relamida, que seduce, dulcísima hasta la náusea, perfumada como una flor venenosa, eventualmente pía como un santurrón, es realmente diabólica por no encarnada.

La belleza es fuerte, ardiente, valiente, paciente, no se hace de valer, no se prostituye. Puede parecer a los ojos de muchos desarmonía, cacofonía, oscuridad, porque, en su gloria, aparece marcada por la pasión y la muerte.

 

Tercera parte

Arte en comunión

Una consecuencia del carisma de la Unidad, muy sentida por los artistas, es un arte nuevo, un arte ideal. Incluso ciertas expresiones de Chiara dejaban entrever una conexión íntima - casi identificación- entre belleza y verdad, entre el alma del artista y el alma del santo… que requeriría una reflexión profunda.

A esta gran esperanza de un arte ideal correspondía, en distintos artistas, una igual impaciencia delante de lo que pudiera abrir el arte oficial.

Por otra parte, la idea de la excelencia de una trabajo artístico con Jesús en Medio, era usada algunas veces para ejercitar un control, por no decir censura, por parte de quien -artista o no- pensaba que tenía el derecho o el deber.

Dimensión individual y colectiva de la inspiración

La apuesta es muy grande. No se trata sólo de trabajo en equipo: en este sentido toda actividad artística requiere unidad. En la elaboración de ciertas obras muchos artistas están envueltos necesariamente en experiencias que se parecen a aquéllas más fuertes de la vida Ideal.

Creo que la piedra angular es la inspiración artística. Si existe en el arte algo personal, solitario, sagrado, es justo la inspiración. Cuando el artista está inspirado, su obra es una sorpresa para él, antes que para nadie. Y es él el primer desconcertado, el primer sorprendido por la audacia de lo que está creando. Necesita valentía, fuerza, para no contentarse con lo que ya sabe hacer, que ya está reconocido como bello por el público. Su soledad es extrema. Es la inspiración quien lo espolea con su evidencia. Y muchas veces la elección es heroica.

Hablando de la vida espiritual, Chiara nos ha explicado que Jesús en Medio nuestro es el altavoz de Jesús dentro de nosotros. El artista que disfruta de la presencia de Jesús entre aquellos que se aman, experimenta la amplificación de su inspiración artística. Distingue mejor la novedad, encuentra la fuerza para creernos y el coraje para lanzarse a crearla con su arte.

Dios Belleza habla a muchos, pero pocos son suficientemente grandes para infundir en su arte su exigente novedad. No todos somos Picasso o Stravinskij, Joyce o Fellini. Si Jesús entre nosotros es altavoz de Dios Belleza, pienso que también nosotros, pequeños, tendremos la inspiración, la fuerza y el coraje de la novedad.

Dori

He tenido la fortuna de ser responsable de la zona de Bélgica junto a Dori. Era joven, al principio de la vida ideal, ella me hacía igual a sí misma, respetaba de modo ejemplar cada idea, que después, junto a ella, quizá se revelaba como una inspiración.

Hace unos días me ha confesado que después de momentos de unidad, en los que habíamos afrontado problemáticas de la zona, ciertamente no de estética, ella se sentía inclinada a escribir poesía y pensaba que yo habría pintado. No habíamos puesto Jesús en medio para pintar o escribir poesías, hubiera sido instrumentalizarlo, y todo habría muerto; pero, porque teníamos un talento artístico, inspiraba a Dori poesía y a mí, pinturas.

El Ideal a la perfección

Quisiera la luz en la sala para poder ver al público.

Hace algunos meses, le vino la idea a Chiara de encontrarse con el mundo del arte. Ha elegido personalmente las fechas de este encuentro, para hablar ella misma de Dios Belleza. Ha dado las grandes líneas del programa, elegido las conferencias y algunas contribuciones artísticas. Quería que fuese no un congreso sobre el arte, sino un congreso de arte.

Me parecía importante. Muchas veces, en el pasado, el arte ha podido parecer que se descuidaba, incluso que se obstaculizaba, para dejar sitio a cosas más serias, más ideales. "Aprende arte y piérdelo" se podía oír decir a personas, por otra parte, muy sabias. El dicho no se citaba en el sentido de ir más allá de la técnica para acceder a la verdadera creación, sino de renunciar al arte, considerado como un impedimento en el seguimiento a Jesús. Sabía de artistas que no lo comprendían y sin sitio en el Movimiento. Chiara sufría por esto y quería que los artistas se encontraran a gusto en la Obra.

Por mencionar sólo uno, había vivido el último periodo de la vida de Mario Pardi. Uno de los primeros gen, que como muchos de su generación, teniendo que elegir entre el teatro y los gen, para ser fiel al carisma de Chiara que lo espoleaba no a huir del mundo sino a testimoniar su ideal sobre los escenarios, había dejado a los gen. Solo con otros solos, atraídos como él por la nostalgia de la unidad, había vivido una intensa creatividad artística empapada por el Ideal.

Recuerdo las horas pasadas en la habitación del hospital, cuando Mario, con un hilo de voz, pero con una energía y una convicción increíbles, recitaba en playback sus geniales trozos de teatro, que veíamos juntos en el vídeo. Me confiaba su obra artística como representante de Chiara. Quería que toda esa belleza volviese a la fuente de donde había manado. Me encomendaba los artistas, que fuera o dentro de la Obra, vivían el Ideal en su obra y padecían.

Ofrecía estas jornadas, la últimas, por el naciente Centro María, vivía por el próximo encuentro en Folgaria y grabó un mensaje a los artistas, que escucharéis mañana.

Chiara ha telefoneado a Mario un día antes de su muerte, y lo ha acogido oficialmente en el focolar, según su deseo más querido. Actor, director, comediógrafo y focolarino a todos los efectos.

En Pascua, he pasado por el cementerio de Loppiano, donde está enterrado, para ponerme de acuerdo con Mario Pardi para este congreso.

Pienso que si estamos hoy reunidos en torno a Chiara, lo debemos en gran parte a él, y a tantos como vosotros, que, gracias a Dios estáis vivos y lozanos. Habéis sufrido, os habéis impacientado y revelado, os habéis quizá alejado, tal vez juzgando la Obra - y ¿quién os culpa por esto? Pero hoy estáis aquí. Hoy estamos aquí. Hemos escuchado a Chiara y queremos responder a su desafío.

Toda novedad se paga. El 4 de marzo del 99 he escrito a Chiara: "Si crees oportuno y es posible para ti, te agradecería mucho poder verte. He oído decir que no compartes conmigo mi experiencia artística en el Ideal. Puedes imaginarte que para uno que desde hace cuarenta años busca con todo el corazón, la mente y las fuerzas, comprender y vivir aquello que tu carisma aporta al arte, es importante oírlo de ti personalmente y no de terceros.

Si realmente fuese así como he comprendido, no te oculto que experimentaría un indecible dolor, además de un gran desconcierto en el pensamiento de innumerables artistas de la Obra que ven en mi experiencia una esperanza para ellos."

Enseguida Chiara me ha llamado y hemos aclarado cada mal entendido sin dificultad. Henos hablando de distintos argumentos que han formado parte de su discurso de hoy.

En un cierto momento dije: "Este encuentro es importante para mí. Hacía treinta y nueve años que lo esperaba". Y Chiara: ¿Ah, sí?. Le he contado lo que ya sabéis. Y Chiara: "¿ Y no nos hemos visto nunca? ". Yo: "Para ser sincero, imaginaba que sería antes, pero esperaba este encuentro sin prisa, pensando que tenía que llegar el momento justo". Y Chiara: "El momento ha llegado. Veo muchas señales que me hacen pensar que el momento ha llegado para esta tercera fase que llamamos de Hollywood.

Muchos como tú han esperado con fidelidad, otros tenían más prisa. Quizá están fuera de la Obra. Quizá desde fuera juzgan la Obra. Pero es necesario esperar. Ahora estáis maduros en la verdad y la bondad. Ha llegado para vosotros el momento de dar la belleza.

Hoy hemos escuchado lo que Chiara espera de los artistas. Se trata de actualizar una tercera fase de la Obra. ¡Pensad! La primera vez que Chiara ha intuido que habría una tercera fase de la Obra fue el 22 de Enero de 1955.

Decía: "Vendrá una especie de Hollywood, que es el Mundo, una especie de otra ciudad que representa el mundo y que se fundirá con Asís y con París; ¡Paciencia! Es todavía una cosa pura, intelectual, bella, hecha por muchos sacerdotes, pero cuando llegue al mundo con todos sus divos y sus divas, con su elegancia, etc. todas estas cosas, el arte, los bailes, las danzas, tendremos que hacer unidad también con todo esto. ¡Tenemos que hacerla!.¡Ah, qué unión tan maravillosa: Asís, París, Hollywood! ¿Verdad? Se pone de relieve el Ideal de la perfección, justo lo que al mundo le gusta".

La perfección del Ideal. Esto es lo que Chiara nos confía. ¡Nada menos! Su perfección, porque es la encarnación, es el amor más grande llevado a sus últimas consecuencias, hasta los divos y las divas, a la elegancia, la moda, los gustos, la literatura estúpida, los bailes, las danzas… Hacerse uno en todo, menos en el pecado. Chiara nos lanza, nos confía su Ideal, para llevarlo a la perfección.

Dios es Verdad, es Bien y es Belleza.

La puerta de la verdad, para nuestros contemporáneos se abre a veces difícilmente, porque están marcados innatamente por el escepticismo.

Acceder a Dios a través de la puerta del bien es más difícil que antes: Sí, Dios es bueno, él es demasiado bueno para mí. Yo no soy capaz de hacer el bien.

Un Dios perfecto nos desanima y un Dios verdadero nos sobrepasa. Si entramos por la puerta de lo bello toda resistencia cae. La Belleza es la puerta hacia Dios para el hombre contemporáneo.

Pero Dios es uno, quien encuentra la belleza, con el tiempo o en la eternidad, encontrará la verdad y la bondad.

Sin los artistas, la puerta se queda cerrada. Somos nosotros los profesionales de la belleza. De otro modo, otros, sin talento artístico, se verían obligados a improvisarse artistas y crear un arte ideal. ¡Qué triste!

Chiara se fía de nosotros. ¿Queremos desarrollar el Arte en comunión? ¿La comunión de las Artes? ¿La comunión del trabajo artístico? ¿La unidad entre los artistas?

Le he preguntado a Chiara cúal será el siguiente paso. Me ha dicho que, igual que nace una corriente de pensamiento político y el Movimiento de la Unidad, igual que nace una corriente de pensamiento económico y la Economía de Comunión, así los artistas encontrarán el modo para no estar más aislados y reflejarán con su estética el Arte en comunión.

Cuando era joven, soñaba con una familia espiritual de artistas, pero Jesús me llamaba a una familia espiritual universal. Hoy esta familia inicia una tercera fase de su propia historia. Siente la vocación específica de dar belleza al mundo.

Después de tantos años consagrados a querer la bondad, y después a querer la verdad aquí estamos, artistas y no artistas, llamados a querer la belleza. A hacer belleza. A hacer unidad no sólo de caridad y de verdad, sino de belleza. Muchos diálogos casi imposibles en el ámbito de doctrina o de ética, existen ya en la belleza. A mí me parece el céntuplo prometido a quien abandona todo para seguir a Jesús.

Yo estoy dispuesto.

¿Y vosotros?

Michel Pochet